viernes, 23 de marzo de 2012

Hijo adoptivo

El pasado 7 de marzo asistí a la sesión plenaria del Ayuntamiento de El Escorial. Como siempre, el público abarrotaba la sala (sigo buscando un emoticono para representar el sarcasmo pero no doy con él).

De entre los varios puntos que se trataron quiero destacar el referente a la concesión de honores y distinciones de la Leal Villa. La propuesta, en palabras de la 1ª teniente de alcalde, la Sra. Vicente Berzal a la sazón concejala de protocolo, se llevaba al pleno sin ánimo de crear un debate dialéctico y sin ninguna intención o inclinación política. ¡Empezamos bien! Corregidme si me equivoco pero creía que la principal función de los plenos era, precisamente esa: ejercer el debate y la dialéctica o técnica de la conversación. Si no es así, no le veo entonces ningún sentido a celebrar plenos más allá de representar una pantomima circense de cara a la galería, una galería bastante vacía, por cierto. Por otro lado, no entiendo por qué se empeñan algunos señores concejales en negar su condición. ¿Cómo que sin ninguna inclinación política? ¿Para qué se les vota si no es para que hagan de políticos? Ocultarlo me hace pensar que, o bien no se tiene claro qué es lo que se representa, o bien hay algo que ocultar o de lo que avergonzarse.

Sin entrar de momento en más valoraciones, y dados los argumentos que se expusieron en el pleno, querría elevar al equipo de gobierno de nuestro Ayuntamiento la consideración para que en la próxima concesión de honores y distinciones se nombre Hijo Adoptivo de la Leal Villa a una persona que, aún no habiendo nacido en El Escorial, ha decidido fijar aquí su residencia y guarda un especial cariño al municipio. Tanto es así, que decidió celebrar por estos lares también su matrimonio e inscribir a sus dos hijos como ciudadanos de nuestro pueblo. No hay que olvidar que desde que llegó ha dedicado su esfuerzo en defender unos ideales con la firme convicción de que redundaría en una mejor convivencia de sus vecinos, muchas veces a costa de su propia salud y patrimonio. Todo ello hace que, como no podía ser de otra manera, D. Miguel Perales López sea agraciado con el honor de ser nombrado Hijo Adoptivo de la Leal Villa de El Escorial.

¡¿Me estoy proponiendo a mí mismo?! Sí, y ahora os expongo los motivos.

No tengo ningún cargo público alguno y por lo tanto, mi única capacidad para proponer, debatir y aprobar mociones es, más allá del reducido ejercicio de democracia cada cuatro años, tomándomelo con cierta ironía en mi recién creada república en este blog, bitácora o palabrería digital... con el permiso de Google, que todo lo ve y todo lo oye.

Dicho lo cual, ¿por qué no me iba a proponer a mí mismo? La propuesta y posterior aprobación de nombrar hija adoptiva a Doña Esperanza Aguirre Gil de Biedma, condesa de Murillo y grande de España (ahí es nada), extrapolando mi capacidad legislativa a la de los señores concejales del Partido Popular con su mayoría absoluta, es la misma muestra de ombliguísmo que se me puede achacar a mí que, como mucho, soy grande de mi casa después de mis hijos y mi señorísima, por supuesto. Las razones esgrimidas (al menos las expuestas en público después de la insistencia en exigir aclaraciones por parte de la oposición en el pleno) para que nuestra presidenta sea merecedora de tal honor son exactamente las mismas con las que yo me erijo candidato a distinguible. Tan sólo una pequeña diferencia: mis actos de celebración del matrimonio y del aumento de la población del municipio no han sido bendecidos por Vuestro Señor Jesucristo. ¿Será esta la diferencia que incline la balanza en mi contra? ¿Puede que la haya prejuzgado pequeña y sea en realidad razón necesaria?

Durante el debate, por llamarlo de alguna manera, llegué a oír que, siendo ministra de educación, se inauguraron dos centros educativos públicos en nuestro municipio. Faltaría más, no iba a inaugurar un campo de golf privado, por poner un ejemplo sin ánimo de crear un debate dialéctico y sin ninguna intención o inclinación política. Esfuerzo titánico sin duda, dada la enorme oferta educativa pública con la que cuenta El Escorial.

Casi prefiero la defensa en su apoyo a la moción del Sr. Ramírez Brandín, concejal de Montearroyo, que con total sinceridad indicó que, puesto que es la que trae el dinero, pocas son las distinciones que se le hacen y que si es necesario se le regala hasta un bono de comidas [sic]. Con un par, sí señor. De todas formas creo que a eso se le llamaba antes rendir pleitesía o vasallaje.

Por último, comentar que fueron rechazadas las peticiones de la oposición para que se pudieran votar por separado las seis propuestas de honores y distinciones. Todas con el acuerdo unánime de los concejales salvo la de nuestra presidenta. A ver si a pesar de ser aprobada por la mayoría del pleno nos encontrábamos un pequeño borróncillo por el "empecinamiento desleal" de 4 o 5 izquierdosillos envidiosos de la condesa.

miércoles, 7 de marzo de 2012